"Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos" (Hageo 2:8, RVR1960).
Lo que Dios está diciendo es que de Él es la fuente de todas las riquezas, de todo lo que fue creado por Él y, en consecuencia, de todo lo que le pertenece. Otros versículos bíblicos confirman esa verdad. De ese modo, el "dueño", en su soberanía, es quien establece los principios sanos en la gestión de tales recursos.
Exactamente ese es el enfoque de esta obra, pues aborda los principios sobre cómo cada cristiano tiene responsabilidad en cuanto a la administración de los bienes otorgados por Dios, sean estos materiales o espirituales. Ciertamente, este libro nos desafiará a gestionar nuestras finanzas (y nuestra vida espiritual), en el sentido de contribuir a un mundo más justo y mejor, según los principios de Dios.
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