¿Cómo debería ser la iglesia ideal? A pesar de que no existe tal cosa, ¿cuáles serían los valores fundamentales de la iglesia? Sin duda tendríamos predicadores con palabras orprendentes y bendecidas. Los músicos, el sonido y los instrumentos serían maravillosos. Los grupos en casa, o las iglesias en los hogares, funcionarían perfectamente. Los iembros vivirían en paz, santidad, oración y comunión continua. Los pastores sabrían lo que necesitamos y estarían disponibles en todo momento. Nos cuidarían en los detalles más pequeños, con la “ventaja” de no tener que cuidar a nadie. La lista podría seguir. ¡Pero eso no existe en la vida real! La pregunta es, ¿fomentamos el sueño de una iglesia ideal, o somos los miembros de la iglesia de nuestros sueños? Yendo un poco más allá, ¿somos el tipo de discípulos que el Señor quiere que seamos?
Nuestra intención al escribir este libro es que podamos convertirnos en los discípulos que Dios quiere que seamos, es decir, hombres y mujeres que puedan alegrar Su corazón.
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